Cuando me decidí a autoproducir este proyecto, mi intención era puramente altruista, es decir, quería subirlo libremente a la red para disfrute del público. Sin embargo, durante los dos años que llevó su realización, tuve que enfrentarme a ciertas cuestiones éticas que me hicieron reflexionar mucho sobre el modelo de distribución cinematográfico actual.
Varias personas del mundo audiovisual rechazaban la idea de que subiera el documental libremente a la red, ya que sería tirar piedras contra nuestro propio tejado: a pesar del ingente consumo audiovisual y el dinero que mueve, sigue habiendo mucha precariedad, personas a las que no se nos valora económicamente el trabajo y que no podemos vivir de ello. Por lo menos, había que intentar cubrir los gastos. Recordé que lo mismo habíamos comentado, Sara Moreno y yo, cuando nos planteamos realizar una segunda parte de su documental Enséñame, pero bonito, el trabajo en el que se inspira Amar en Libertad. Si lo hacíamos teníamos que cobrar en condiciones, había que valorarlo económicamente. Moreno se mudó a otro país y no tuvimos ocasión para poner en práctica nuestros propósitos.




