La Directora de Cine en el Congo (II)

DURANTE EL VIAJE EN EL CONGO

En esta segunda entrega hablo sobre el miedo europeo, cómo romper el hielo con los congoleños, sobre la gastronomía y otras costumbres y aporto algunos consejos a tener en cuenta si tienes que ir a grabar a algún país de estas características.

Atardecer Congo_Xudit Casas
Atardecer en el Río Congo. Fotografía realizada con un móvil de segunda mano.

1. El miedo a las cosas cotidianas

Una de las cosas que comentábamos es que, curiosamente, a lo que teníamos que tener más miedo es a esas acciones diarias en las que no te paras a pensar en occidente. Ya sea limpiar tu cepillo de dientes con agua del grifo, las “mosquitas”, comer cosas frescas, los cubitos de hielo, acariciar a un animal, etc. Llegas con esa mentalidad, pero según pasan los días empiezas a vivir al límite y hasta te arriesgas a tomar hielos con el refresco. Lo haces por olvido o porque ya no te sientes tan amenzado por lo desconocido. Aún así, mantienes las precauciones pese a verte un poco “tiquismiquis”, sobre todo si en Occidente no eres escrupoloso/a. Yo no me sentía ni me siento cómoda con este tema. Me sigo cuestionando si es precaución porque nuestro cuerpo caucásico no está en su hábitat o si es algún tipo de racismo inconsciente.

A mí me picaron dos mosquitos en el brazo el segundo día. “Mea culpa” porque llevaba camiseta de manga corta y estaba rodeada de vegetación en pleno atardecer. Ese mismo día tenía tres picaduras en el muslo y, aunque llevaba pantalones, ese día una de las patas salió de dentro de las botas e imagino que se me coló algún insecto no invitado (ni identificado). Ningún día más recibí picaduras. El protocolo al levantarme era ducharme, crema para el sol, ropa limpia y, cuando la crema se absorbía me ponía el repelente para mosquitos. Cubrir el cuerpo al atardecer y usar mosquitera por las noches.

Ante otro tipo de animales, la indicación es que no debes tocarlos bajo ningún concepto y si un animal te hace un rasguño te aconsejan que vayas a un hospital inmediatamente. No sé a cuál porque también te dicen que evites ir a un hospital de allí. Así que mejor no arriesgarse. Uno de los días se nos apareció una cabra. Se acercó bastante pero reprimí las ganas de acariciarla hasta que una de las personas del grupo te dice que si tuvieramos guantes la podríamos tocar. Como había preparado la maleta a conciencia, guantes de látex es una de las cosas que llevaba conmigo. Pero, con Murphy mirando, en cuanto los puse la cabra ya no era tan confiada y no se dejó tocar.

Río Congo_1_Xudit Casas
Río Congo en Kinshasa, RD Congo. Fotografía realizada con cámara de segunda mano.

2. De “mundeles” por la vida

En la República Democrática del Congo somos denominados “mundeles”, lo que significa “blanco” en lengua lingala. No había muchos mundeles, la verdad. Aunque, cómo no, si hay un gallego en la luna, en el Congo no iba a ser menos. Nada más llegar al hotel divisé una camiseta que ponía “Estrela galega” y, si no fuera poco, gracias a las redes sociales supe que también se hospedaba allí una ourensana que trabajaba en la Cruz Roja, hermana de una compañera de profesión. Fuera del hotel, solamente vimos mundeles en tres ocasiones contadas.

De mi equipo, Angélica es medio francesa, pero el francés lo tiene entero. Gabriel y yo, ni papa. Así que, como éramos tres, nos inventamos una canción en francés, lo más sencilla posible pero, ¡con juego de palabras y todo!

Un mundele,

deux mundele…

très mundele!”

(Un blanco, dos blancos… ¡muy blancos!)

Queríamos alargar nuestra obra maestra pero la canción era lo suficiente patética para que los oriundos se riesen a nuestra costa. Y funcionaba.

Como ya comenté, además de francés en nuestra zona se habla lingala. “Mbote” es “Hola” y algo que suena como “Sangonini – sangoté” que es como “¿Qué tal? – Bien”. “Mai – Agua” “Moi – Sol”. Castellano, nadie. Portugués lo puedes hablar con algún angoleño que se cruce en el camino. E inglés lo chapurreaban las camareras del hotel. Un truco es decir “Real Madrid” o “Barcelona” y el nombre más laureado “Iniesta”. Con eso sonreían mucho. En el bolsillo. Oye, alguna utilidad tenía que tener el fútbol de masas más allá que entretener.

En el avión de ida, leí en alto algún texto de una revista mientras Angie me corregía la pronunciación. El texto era sobre bombillas y la parte de vocabulario no me fue útil. No se me fundió ninguna bombilla durante el viaje. Aprendí unas cuantas palabras en francés: “BonjourÇa va? – Trés bien – Petit – Chaleur – Soleil – Peau – Merde – Fatigué – Bonsoir” Poco más. Pero conseguí comunicarme la mayoría de las veces. Lo mejor es que llegué a entender ciertas conversaciones en francés para sorpresa de los interlocutores, que me miraban con asombro al interrumpir la conversación. Otra expresión para grabar disimuladamente con la cámara a la altura de tu barriga es “non batterie”, muy eficiente para las personas que parece que tienen rayos láser e intuyen que estás grabando aunque no tengas los ojos en el visor.

Por cierto, a colación de las frases en francés, deciros que allí el tercio de cerveza es pequeño (“petit”). Lo normal es una botella el doble de grande. Os aconsejo la cerveza Tembo. A secas, sin el “petit”.

Yo quise aportar algo de vocabulario, pero como no tengo intenciones colonizadoras, les enseñé una palabra que allí carece de significado: Ahora. Siempre que me decían en castellano “ahora” yo le decía que, en África, esa palabra no existe. Lo acabaron de entender cuando estuvimos varias horas esperando en Kinkole, un puerto pesquero a una hora de la capital. Tanto nos empezábamos a aburrir que una persona abstemia pidió una cerveza para compartir entre todos. Cuando la compramos cambiamos la espera por una especie de hora del vermú en medio de África. Cómo no, en ese momento nos empezaron a meter prisa. La cita era importante, pero me negaba a levantarme para esperar en otro sitio y les dije: Ahora. Le di un trago a la cerveza y ni me inmute de la silla. Lo entendieron perfectamente.

Bus taxi_Xudit Casas
Taxi-bus en República Democrática del Congo. Fotografía realizada con móvil de segunda mano.

3. Gastronomía y otras costumbres

  • Gastronomía en el Congo.

Como buena gallega, soy de buen comer. Pero como iba por trabajo, no de “turisteo”, arriesgarme a comer la comida que vendían en los puestos no era lo más responsable. Así que todo el equipo fuimos muy cuidadosos con lo que comíamos.

El primer día fuimos a un supermercado para comprar agua y algo de comida, estilo bocadillos y barritas de cereales, por si en algún momento no llegábamos a la hora de comer. Debo decir que es realmente caro comprar en un supermercado de Kinshasa. Todo es importado, el agua era de Suíza o de Canadá o de donde cuadrase, así que todo estaba extremadamente caro. La previsión de agua que hicimos nos permitió no volver a pisar el supermercado durante nuestra estancia.

Generalmente comíamos en el hotel, así que la gastronomía era belga con sus influencias francesas. Les gusta la pimienta verde. Debía de ser como el ajo y el perejil en la península. Había menú diario de lunes a viernes al mediodía al precio de 25$. El resto de la carta era bastante extenso y variado, afortunadamente. Si le pedías algún plato típico congoleño, algo hacían, pero a mí, personalmente no me motivaba la comida congoleña cocinada por un belga. En el hotel también había una cafetería donde podías pedir platos del restaurante y alguna cosa más estilo aperitivo, como sandwich o minirollitos de primavera (no pizza o hamburguesa).

Llegado a este punto, he de decir que en el hotel no había mucho insecto, hasta que una noche descubres que han fumigado las zonas verdes del recinto como si no hubiera mañana. Debimos perder meses de vida esa noche. (Si eres vegetariano/a o vegano/a, por favor sáltate esta parte, disculpa las molestias). A pesar del insecticidio, dentro de las habitaciones aparecieron una especie de cucarachilla a Angie y, a mí, un lagarto. No fue gran cosa, la sorpresa llegó en la cafetería donde apareció un grillo. Un grillo congoleño. Era de tamaño XXL y, en consecuencia, descubrimos uno de los platos congoleños típicos: grillo tostado. Al día siguiente, le prepararon a Angie unos pocos para probarlos, así que probé una pata de grillo. No me recordó a un sabor en sí, me recordó a un olor (tengo algo de sinestesia, resumiendo, se me cruzan los estímulos sensoriales, así que no puedo aportar mucho más).

El último día nos sacaron del hotel y nos llevaron a cenar a un restaurante donde preparan, como se diría en Europa, platos exóticos. El menú se compuso de cocodrilo, boa, orugas y otro tipo de gusano, con varios acompañantes. El cocodrilo y la boa estaban guisados, a la vista parecían un guiso de carne y  otro de pescado, respectivamente. Un oriundo me dijo que el cocodrilo sabía más a carne o langosta y la boa a pescado. A mí el cocodrilo me supo a pescado y la boa más a carne. La boa tiene huesos que parecen espinas. Probé la mitad de una oruga y me supo a zanahoria cocida extradulce, a Angie que se comíó la cabeza y todo, le supo a palomitas… Para gustos los colores. El otro gusano, sabía a setas deshidratadas, a tierra. La guarnición era variada, desde arroz y banana frita a una pasta de mandioca típica de allí, pasando por unas verduras. Obviamente, me gusta experimentar pero sin pasarme. Supongo que gracias a los acompañamientos no me quedé con hambre esa noche.

  • Comprar algún recuerdo

Tengo cierta fobia a la compra de objetos. Al pasar por el centro de Madrid o por un centro comercial me salen sarpullidos. Razón por lo que rechacé visitar África en algún momento durante mis vacaciones. No suelo tener muchos días libres y, cuando los tengo, quiero evitar cosas que me estresen.  En África hay que regatear, te agobian y demás. Y en la República Democrática del Congo no iba a ser menos. Aunque allí, las tiendas de souvenirs son una excepción. Había una en Lola Ya Bonobo, un santuario de bonobos huérfanos. Estuvimos en el Mercado Central de Kinshasa, pero creo que a nadie se nos ocurrió comprar debido a que estábamos pendientes del trabajo. Vimos una tienda de telas desde el coche. Queríamos comprar unas telas como las que usaban las mujeres en los vestidos, siempre con colores muy llamativos. Queríamos llevar unas muestras para el trabajo. A mí, además, me hubiera gustado comprar alguna a título personal. El último día intentamos comprarlas y nos llevaron a un mercadillo. Encontramos las típicas telas africanas hechas con hilos de paja o algo así. Con colores más oscuros y marrones. Excesivamente caras, aunque desconozco su valor. Aprovechamos, ya que fue el único momento en el que pudimos comprar algo de recuerdo. Obviamente, era todo artesanal, desde máscaras a postales pintadas. Me limité a comprar algo para la familia, no quería imaginarme la cara de mi hermanita si no le llevaba algo del Congo. Tabaco y cerveza Tembo cerraron el cupo de souvenirs.

  • Ser mujer en el Congo

La verdad es que no puedo aportar mucho. Creo que las mundeles (blancas) no estamos consideradas de la misma forma que las mujeres de allí. Generalmente iba vestida parecida a una militar, por las botas que llevaba y porque las ponía encima de los pantalones. Añadido a que ser blanca parece que te hace ser de otro estatus, porque por ser mundele eres diferente. Allí vi patriarcado como es lógico, pero también mujeres con algo de poder, una coronel, por ejemplo. No dejaba de ser un patriarcado como el de aquí hace relativamente poco. Me habían dicho que allí las mujeres no pueden conducir. No era cierto.

Cuando íbamos hacia el aeropuerto, a la vuelta, topamos con un atasco importante. Entre el barullo de coches y gente, en un grupo había una discusión. Una mujer y un hombre jóvenes se habían encarado verbalmente el uno con el otro, con unos cuantos hombres pegados alrededor de ellos. De repente, un hombre más mayor, que estaba tranquilo observando, le soltó un puñetazo a la chica. Afortunadamente la mujer lo medio esquivó y se alejó murmurando. Supongo que esta anécdota resume bien la situación feminista de este país.

Dron Atardecer Congo_Xudit Casas
Interface del dron Phantom III, grabando atardecer en el Río Congo en Kinshasa. Fotografía realizada con móvil de segunda mano.

4. Grabar en el Congo

Tienes en tu mano un permiso de grabación con tu nombre en él. Enhorabuena. Eso solo es el principio. Ahora toca grabar. Como dije en anteriores publicaciónes, en nuestro caso éramos dos para registrar imágenes a ras de suelo y una persona para pilotar un don. Dos cámaras y un dron, por tanto.

  1. Las citaciones son relativas, como el tiempo que marcan.

Amanece cerca de las seis de la mañana, pero si tienes suerte sales a las 10 de la mañana a grabar. Si dependes de personas de la zona, llegan cuando pueden (o quieren). Sí, mínimo cuatro horas perdidas de luz. Cuanto antes lo asumas, mejor. A esto súmale que cerca de las seis de la tarde atardece. Y, se supone que se debe realizar una comida en el medio, por lo que a veces, se convertía en merienda.

  1. Paciencia para esperar y prisa para grabar.

Antes de viajar debes asimilar que en el Congo no existe el estrés. Pero para grabar hay que ser rápidos. Las calles están llenas de vida, también las aldeas. Y si parece que no hay nadie, pronto aparece un grupo llamados por la curiosidad de los mundeles. Salen de debajo de las piedras. El dron causaba furor y podían juntarse 30 ó 40 personas alrededor. Si hay tomas que quieras tomar de un lugar sin gente o con gente en su vida cotidiana, date prisa antes de que se enteren. Si quieres grabar a gente, si ceden, te tienes que dar prisa porque pronto te preguntan si has acabado. Curiosamente, para grabarlos, no tienen mucha paciencia.

  1. Las distancias se dilatan.

Cualquier persona que viaje al Congo, debería saber de antemano que carreteras asafaltadas hay las justas y, por lo tanto, los desplazamientos son largos. Si te mueves por la ciudad, los atascos también pueden ser frecuentes.

  1. El permiso de grabación no es el único permiso que necesitas.

Tienes permiso para grabar en todo el país, pero no tienes permiso para grabar en ningún sitio. Antes has de pasar por el filtro burocrático, formal o informal, del sitio en cuestión. Esto lo haces justo antes de grabar, por lo que las horas de luz van pasando mientras esperas a que se realice la gestión en cuestión. El dinero también va pasando.

  1. Graba sonido ambiente (wildtracks) durante las esperas.

Aprovecha esos momentos para grabar sonido, preferiblemente sin pértiga. Llamas la atención pero no mucho, como no es una cámara, te mirarán como si fueras una loca con un aparato extraño en la mano, pero poco más.

  1. Ojo (y oído) con las entrevistas.

Ya comenté que hay mucha vida, mucha gente, lo que significa que hay mucho ambiente que se puede convertir en ruido en una entrevista. En una ocasión grabamos a un hombre en un edificio, que para ser de Kinshasa debía de ser de los más sólidos, pero la ventana daba a la calle. Es por eso aconsejable buscar las esquinas más alejadas de las calles para que el ambiente de la calle interfiera lo menos posible en las entrevistas y usar un micrófono de solapa.

  1. No interfieras el paso.

En las calles y carreteras están sonando siempre las bocinas, sobre todo en la capital. La mayoría de las veces su uso era similar al timbre de una bicicleta, con su particular “cuidado que voy”. Hay un orden dentro del caos de que cada vehículo o persona cruza por donde considere. Pocas veces se escuchaban bocinas al estilo madrileño de “apártate gilipollas”. Solían ser cuando algo o alguien se paraba en un sitio por donde los demás vehículos y viandantes querían pasar y no podían por su culpa. Eso les molestaba mucho. Por lo que los choques, ya fueran en coche o en canoa, aún les molestaba más y generaban muy mal ambiente. Así que intenta no interferir el paso aunque sea en el Grand Marché (Gran Mercado) de Kinshasa donde está todo lleno de puestos y personas y, a veces, apenas hay sitio para pasar.

  1. La electricidad es un lujo intermitente.

Cuidado con aquellos aparatos eléctricos que necesitan encénderse después de un apagón. El portátil es recomendable tenerlo siempre cargado antes de hacer copias de seguridad.

  1. La comunicación es imprescindible y más en el Congo.

Los walkie-talkie serán tus mejores amigos. Ten varios de buena calidad e intenta tenerlos cargados siempre.

  1. Es imposible grabar todo, cuando necesitas recursos.

Estás en un país al que no va practicamente nadie, nada turístico, así que las posibilidades de volver a grabar son mínimas. Quieres grabar todo. Es lógico. Aunque después tengas que perder mucho tiempo en visionar y descartar muchísimo material, vas a grabarlo todo. Y lo sabes. Pero alguien te lo tiene que decir. Es imposible que grabes todos los recursos imaginables, aunque tengas un arsenal técnico y/o humano. Cuanto antes lo asumas mejor. Y ésto sirve para cualquier lugar, no solo para el Congo.

  1. Las personas congoleñas tienen un sexto sentido para las cámaras.

Las cámaras de acción son las únicas que pasan desapercibidas. Te pillan siempre cuando estás grabando, ya sea con cámara profesional ya sea con tu móvil desde el coche con la ventanilla cerrada. Ahora bien, poner dos cámaras de acción en el exterior del coche, ni las veían. Eso sí, este tipo de imágenes sirven para lo que sirven y, si abusas de ella tendrás muchísimo material que seguramente no valga para poco más que perder el tiempo.

  1. La ética profesional en el Congo.

Si eres una persona poco ética, este punto te importará bien poco. Pero si no, esta cuestión va a importarte mucho. En una ocasión grabamos en un colegio, fue emocionalmente intenso para todo el equipo así que lo compartí en mi Twitter con dos fotografías de niños y niñas felices. A la vuelta borré la publicación. En el Estado Español para grabar a la gente menuda necesitas autorización firmada por los padres. Conozco colegios que piden la autorización a las personas tutoras a principio de curso. Doy por hecho que allí no era una cuestión que tuviera que plantearse la sociedad congoleña. Aunque sé que no debería tener ningún problema legal por publicar fotos de niños y niñas de allí, me quedé más tranquila borrando la publicación. Con el dron, también nos planteamos esta cuestión. Allí no hay drones, así que tampoco legislación. Es la ética y el sentido común el que te ayudan en estos planteamientos y dudas que te van surgiendo y que vas discutiendo con el equipo.

Ampliaré la lista, porque estoy segura que me he dejado más aportaciones en el tintero.

En la siguiente y última entrada, “La Directora en el Congo III”, hablo de la vuelta y cómo estoy asimilando el viaje.

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Un comentario en “La Directora de Cine en el Congo (II)

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