Abandonar el cine| Arte e hipotiroidismo

Soy gallega hasta para enfermar. Al parecer, Galicia tiene altos niveles de hipotiroidismo. Lo primero que me llamó la atención de esta enfermedad fue la indiferencia que produjo en mi círculo cercano. No esperaba compasión, simplemente que entendieran que necesitaba tiempo para asimilar que tenía una enfermedad catalogada como crónica, es decir, para el resto de la vida. Es comprensible su postura: mucha gente que conocen la sufre y con una pastilla lo tienes “solucionado”. Éche o que hai.

Para quien no conozca esta enfermedad, lo resumiré vagamente: la glándula tiroides no está fabricando la hormona que controla el metabolismo y lo ralentiza. Es decir, es como si a tu cuerpo le fallase la batería para poder funcionar. Últimamente, los medios empiezan a visibilizarla, pero solamente porque uno de sus síntomas es engordar y ya sabemos cómo importa esto en esta sociedad. Sin embargo, lo que me interesa compartir es cómo me ha afectado en el plano creativo.

La dirección de cine (independiente, entiéndase en este caso) es totalmente vocacional, requiere muchísima motivación y esfuerzo. Dirigir siempre ha sido mi camino en la vida, hasta 2016. El hipotiroidismo me hizo plantearme si quería seguir siendo directora de cine. Nada llamaba mi atención. Nada me motivaba lo suficiente. Es más, en un momento que ya me consideraba a mí misma directora de cine (¡con lo que me costó valorarme!) estaba pensando en dejarlo. Ni lo sentía como un fracaso. Al revés. Creía que podía ser una de las decisiones más libres de mi vida: conseguí mi meta, soy directora de cine, hasta aquí quiero llegar. Durante todo el 2016 no realicé ni un trabajo de mi cosecha. Estaba anulada. No tenía energía, tan sencillo como eso, y para hacer cine se necesitan demasiadas fuerzas. Solamente les admití a mi círculo cercano que estaba muy cansada cuando empecé a poner excusas para no ir a un festival de cine que me encantaba. Y, creedme, la palabra cansada nunca había estado en mi diccionario rutinario. No me aceptaba cansada: yo siempre había sido muy activa.

Esta enfermedad es difícil de diagnosticar y, de hecho, la denominan la enfermedad silenciosa. Tuve suerte y escuché a mi cuerpo que me decía que algo no iba bien. Y así me lo confirmó mi doctora meses después. Me lo dijo fríamente, como si fuese un simple catarro. Empecé a buscar información para entender la enfermedad y conocer los efectos físicos. Sin embargo, no era consciente de cómo me estaba afectando en el plano creativo, hasta que los niveles de la tiroides se empezaron a estabilizar. Volvió a arrancar la maquinaria. Lo supe en cuanto empecé a trabajar en varios proyectos a la vez. Pasar tiempo en mi estudio, creando, como en los viejos tiempos. Tardé tiempo en volver a tener toda mi energía, aún teniendo los niveles estables. Lo echaba mucho de menos. Saudade.

Con un poco de perspectiva, puedo verlo de forma positiva. Ese año tuve que dejar de hacer, pero eso se convirtió en pensar desde un punto de vista más pausado. Me ayudó a cerrar otros proyectos menos creativos que quedaban pendientes, como terminar mi página web. Entre otras cosas, empecé a darle vidilla a este blog, lo que me ha ayudado a la hora de retomar la escritura. Finalmente, frenar derivó en tener la capacidad de distinguir dónde estaban brotando las nuevas ideas. A moreas.

No hay que subestimar una enfermedad por común que sea o porque parezca que tiene fácil “solución”. Es una enfermedad que hay que tener controlada para siempre, porque a la mínima te desequilibra y afecta a tu vida diaria, a la calidad de la misma y la de tu entorno. La tiroides repercute en todo el cuerpo, la depresión es otra de sus señas. Un conocido me contaba cómo le afectaba a su madre y lo duro que era. Tampoco deberíamos tomarla a la ligera quienes la padecemos. A mí me sigue siendo difícil aceptar que estuve (o estoy) enferma. Es más, que lo seguiré estando de por vida si mis niveles de tiroides no están en su justa medida. Afortunadamente, he conseguido librarme de la medicación, de momento, gracias a subir la ingesta de yodo, pero no todo el mundo tiene esa suerte.

Resumiéndolo de forma coloquial y con cierta retranca, podríamos decir que, aunque entono el mea culpa por no cuidarme más, es una enfermedad vacilona y caprichosita, que disfruta pícaramente de ponerte a cámara lenta en un mundo que sigue su ritmo acelerado. Que no nos tiene que matar a corto o medio plazo para tranquilidad de nuestras amistades, familia y relaciones y para desgracia de nuestras enemistades. No obstante, hay esperanza en el plano creativo. Tener descompensadas las hormonas, del tipo que sean, siempre ha dado como resultado diferentes miradas sobre la vida, la creación y el arte. ¿É ou non é?

Tengo el presentimiento de que, si la salud y la vida me lo permiten, los años después del hipotiroidismo serán muy fructíferos. Malo será. 

Os deseo salud. Sin salud no podemos disfrutar del resto.


Graciñas a mi gente por entender que estuviera más de un año fuera de juego.

 

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