¿Soy o no una cinéfila?

Siempre he dicho que no soy cinéfila, por lo que he recibido muchas críticas desde bastante joven. Si atendemos al significado de la palabra cinéfila es, según la RAE, una persona aficionada al cine. Aficionada hace relación a afición. Según este organismo, afición es el gusto o interés por una cosa, en este caso, el cine. Otro término es la cinefilia que hace referencia a la pasión por este arte.

Las razones por las que no me he considerado cinéfila hasta ahora es porque, si me comparo con el resto, no veo tantas películas como aquellos que sí se consideran cinéfilos. En lo que acabo de escribir hay truco: he usado el masculino. Primeramente, todas las referencias que he tenido desde joven han sido de hombres. De Tarantino es famosa la frase “Cuando la gente me pregunta si fui a la escuela de cine les digo: no, fui al cine.” ¿Qué iba a decir una persona que no ha estudiado cine de forma oficial? Supongo que tenía que buscar una respuesta que validase sus conocimientos sobre la materia.

Cuando tuve claro a qué me quería dedicar y ya empezaba a hacer mis primeros pinitos ya decía que no era cinéfila. En una ocasión mi madre me comentó que un tal Fulanito le había dicho que yo no podía ir diciendo que no era cinéfila si me quería dedicar a esto. La última vez ocurrió, hace poco, después de asistir al estudio de El Séptimo Vicio de Radio 3 con Javier Tolentino cuando este cronista cinematográfico me preguntó sobre qué películas me habían gustado de la última temporada. Mi mentor, con muy buena intención, me trasladó su preocupación y sentenció con que no podía afirmar en mi primera entrevista nacional cuestiones como que no veo mucho cine. Ahora me toca buscar a mí la respuesta para validar mis conocimientos sobre el arte cinematográfico.

Muchas veces repito que yo soy más de hacer cine que ver cine. Sobre todo por ser una persona bastante proactiva. Para mí, hacer cine es una necesidad. Sin embargo, si hago un poco de retrospectiva, creo que me he autoengañado un poco.

De relativamente pequeña tuve la fortuna de empezar a grabar cosas con mi compañera de andadas, Patricia Gómez “Galo”, o con la cámara de mi familia. Y digo fortuna porque para la gente de mi generación no era fácil que te dejasen jugar con ellas, aún se estaba democratizando el uso de las cámaras y de las imágenes. De peque también recuerdo ver pelis con mi padre. Con Patri quedábamos a ver pelis en su casa, la película de Barrio de Fernando León es una de nuestras preferidas y seguramente la que más hemos visto juntas. Después, en la época del instituto, el salón de mi casa se convertía en una sala de cine y  nos podíamos juntar unas cuantas personas a ver pelis. También nos bajaban a Ourense, la capital de la provincia, al cine de verdad. En nuestra villa, Celanova, ya no quedaban salas. En esta época, aún sin carnet, mi madre nos llevaba a la Xociviga, una jornadas anuales de cine y vídeo que se siguen organizando en la localidad de O Carballiño.

Durante mi formación en la universidad, obviamente, veíamos cine. Pero no fue hasta cuatro años depués, durante mi Erasmus en la Escuela de Cinema de Lisboa, que tuve tiempo para mí. Había acelerado un curso universitario y me fui con una única asignatura a mi querida Portugal. En esa época leí obras que no fueran ensayos, vi películas y, fue cuando dejé de ver la televisión porque me hacía daño. Lo único que veía era la serie de Hitchocock que estaban echando en una de los canales de allí. También asistí a un festival de documentales donde vi Falta-me de Claudia Verejao, obra que me encanta. Otra experiencia similar fue cuando hice una Estancia Breve en la Universidad do Minho, en Braga, recuerdo que vi un par de veces El maquinista de la General de Buster Keaton, me había gustado tanto que se la puse a mi pareja cuando vino de visita. Rara vez revisiono pelis. Y menos con pocos días de diferencia.

Con el tiempo me he dado cuenta de que no tengo tanto tiempo o no encuentro los momentos para ver una película y centrarme tranquilamente a disfrutarlas. Y, a veces, aunque encuentre el momento igual no puedo ver esa película que me apetece. Mi pareja bromea conmigo porque dice que las películas que quiero ver son tan raras que no se encuentran ni pirateadas. Es el caso de alguna película de Chus Gutierrez o Josefina Molina o una película de 1947 llamada Pasión Inmortal que quería ver cuando estaba decidiendo cuál iba a ser la banda sonora de mi documental porque me interesaba la historia de la compositora Clara Weick.

Mientras me preguntaba (y me seguía fustigando por la presión externa) si era o no cinéfila, aunque no tuviera tiempo para serlo o para que se me considerara desde fuera, cosas del destino, coincidió que visioné una entrevista a David Lynch realizada en Madrid en el año 2013 y que han publicado íntegra a principios de 2020. En ella David Lynch deja muy claro que no tiene tiempo para estar viendo películas. Que el día solo tiene 24 horas. Lo dice con toda la tranquilidad del mundo. Y si lo dice Lynch que trabaja de esto, imaginaos una mujer que hace cine independiente y tiene que tener otros trabajos para poder sobrevivir. No sé ustedes, queridos/as lectores/as, pero yo siempre he sido de Lynch y muy poco de Tarantino.

Entonces, se puede decir que soy cinéfila. Pues como siempre, depende de quien juzgue.

Graciñas por leerme.

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